lunes, 27 de mayo de 2013

GRAN  FIN DE SEMANA PARA EL FUTBOL.

ANTONIO  ABASCAL.

El América es un digno campeón del futbol mexicano, su afición hoy tiene el derecho de cantar y presumir porque además ganaron el campeonato apelando a muchos de los valores históricos de este club. Los aficionados que no creían en el “Piojo” Herrera también tienen que reconocer que este campeonato lo ganó con muchas de las exigencias que se le hacían. El América de anoche fue un equipo que nunca dejó de creer, que a pesar de jugar con 10 hombres fue capaz de preocupar al Cruz Azul y que se mató en la cancha. Las Águilas, se coronaron además con dos canteranos como piezas fundamentales: Diego Reyes y Raúl Jiménez.

Los dos técnicos tuvieron mucho que ver en el desenlace de anoche. Miguel Herrera nunca se dio por vencido y con su ímpetu desde la banca, además de sus decisiones, inyectó a su equipo de lo que se necesitaba para ir por una auténtica remontada; mientras que Guillermo Vázquez se quedó sin respuestas y jamás pudo dar el mensaje que requería su equipo para tranquilizarse y para entender que jugaba con un hombre de más. Enfrentar a una escuadra que se queda con 10 hombres desde el minuto 13 y que en los tiempos extra esa oncena esté mejor físicamente que la otra, fue una muestra del mal manejo de partido de la Máquina y de Cruz Azul.

Los celestes vivieron del extraordinario nivel de Jesús Corona y dentro de lo positivo que hicieron fue la marca a Christian Benítez, aunque el ecuatoriano se las arregló para causar peligro o para dar pases a sus compañeros como aquélla en la que dejó sólo a Raúl Jiménez quien falló ante Corona.


América hoy es un ejemplo ya que, otra vez, demostró que la continuidad bien entendida tarde o temprano va a dar resultados. Ricardo Peláez supo aguantar a Miguel Herrera cuando los resultados no llegaban, tras dos eliminaciones en semifinales de liga o la eliminación en penales en la Copa. Ahora recupera el campeonato y ha puesto las bases para construir un proyecto sólido que tendrá una prueba de fuego la próxima campaña tras las salidas de Diego Reyes y de Christian Benítez, ya que perderá a uno de sus bastiones defensivos y a su figura en el aspecto ofensivo.


Por su parte, Cruz Azul deberá tomar decisiones duras. Perder una final como la de ayer, hipoteca mucho del crédito de Guillermo Vázquez ya que la duda radica en cómo podrá convencer a un grupo de jugadores que le hizo caso en el naufragio del Azteca. En la banca celeste, nunca entendieron que tenían un hombre más, que la postura era tener la pelota, tocarla, desesperar al rival y hacerlo correr. Tuvieron oportunidades para finiquitar la obra, pero esas oportunidades fueron propias de la inercia del juego.


Paúl Delgadillo tuvo un trabajo desastroso, se equivocó al expulsar a Jesús Molina, después cambió su racero, dejó de señalar algunas faltas y en el primer gol americanista, Francisco Rodríguez cometió falta sobre Gerardo Flores, es decir, se equivocó para los dos lados, para evidenciar que si los gallones están fuera de circulación la caballada de la Comisión de Arbitraje está muy flaca.


América es un digno campeón y Cruz Azul tendrá una larga cruda antes de encarar una nueva campaña, ambos se conjuntaron para ofrecer una final muy emocionante, que no bien jugada, pero obviamente  en nuestra memoria quedará el regreso americanista in extremis con un portero anotando un gol para forzar la prórroga, lo que también ayudará al futbol mexicano para captar nuevos aficionados.


Sin embargo, no podemos caer en la exageración de compararla con la Final de la Champions. Lo del sábado en Wembley fue un himno al futbol, el mejor ejemplo para demostrar la grandeza de este deporte, con dos equipos que SÍ quisieron ganar y para ello, no se escondieron, utilizaron los argumentos que tenían para hacerle daño al rival.

El Borussia Dortmund sorprendió al taparle las salidas al Bayern durante los primeros 20-25 minutos, hizo figura a Manuel Neuer y ahí empezó a escribir su derrota, al no aprovechar esos minutos donde su futbol brilló con toda intensidad. Una vez que el Bayern apareció, el otro arquero, Roman Weindenfeller también hizo paradas de antología. Fue maravilloso ver a dos equipos poniendo lo mejor de sí (sin guardarse algo), con la entrega y disposición táctica que mostraron ambos equipos.


El Bayern se coronó por su capacidad, por el mayor fogueo y porque llegó más fresco a la recta final del partido, pero el Borussia demostró que un equipo joven, sin tanta inversión puede aspirar al título más importante desde el trabajo y la convicción en una idea.


El fin de semana más hermoso para el futbol cerró con dos historias que engrandecen este deporte y que tienen que ver con reivindicación. Arjen Robben había perdido muchas finales y él había sido protagonista para mal, sus dos manos a manos con Iker Casillas en Sudáfrica 2010 todavía están dentro de las pesadillas holandesas, el sábado ya había fallado dos claras y, sin embargo, lo intentó hasta el final cuando anotó el gol de la victoria bávara.


La otra historia es mexicana y pertenece a Miguel Layún. El veracruzano había sido denostado en su trabajo, era trending topic con “Todo es culpa de Layún” y, sin embargo, había tenido una buena temporada, con varios partidos como titular. Anoche no inició, pero cuando entró ayudó a su equipo en la remontada para después cobrar el penal de la victoria, Justicia para un jugador, que sin ser una luminaria, sí ha sido muy profesional y tuvo el carácter para sobreponerse.   


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