lunes, 17 de junio de 2013

DERROTA  NORMAL, FUNCIONAMIENTO PREOCUPANTE: ESTANCAMIENTO TOTAL.

ANTONIO ABASCAL.

Siempre que Italia y México se enfrentan en la esfera del futbol internacional, la “squadra azurra” tiene que ser nombrada como favorita para ganar el partido, por ello, los empates que se consiguieron en los Mundiales de Estados Unidos 94 y Corea- Japón 2002 deben ser valorados como puntos altos en la historia de este deporte en nuestro país. Si a eso aunamos las inercias de los actuales equipos, tendremos que calificar como normal la victoria italiana ante los hombres del “Chepo” de la Torre.


Lo preocupante no es la derrota en sí, sino la forma en la que se produjo. El equipo mexicano enseñó todas las carencias que lo han acompañado en este 2013. Un equipo sin idea, sin un concepto de cómo jugar, sin variantes a la ofensiva, con un flanco derecho que es un dulce para los defensas contrarios y que es una avenida para explotar por los atacantes rivales; con un capitán sin personalidad y que cometió varios errores hasta que en el 78, Balotelli ya no perdonó más http://www.youtube.com/watch?v=HfJgpdkwJpk.


La escuadra mexicana ya no tiene la pelota, su medio campo es inexistente. Las jugadas de peligro que consiguió fueron producto de robos de balón o del hambre de Giovanni Dos Santos. El cuadro verde consiguió un gol, porque Dos Santos fue a presionar la salida italiana y supo aprovechar el error de Barzagli para que Javier Hernández convirtiera el penal. La otra clara se produjo en otra pelota que peleó el jugador del Mallorca ante Ignazio Abate para ceder a Andrés Guardado quien estrelló la pelota en el travesaño.


El juego mexicano depende de la producción de los mediocampistas que van por la banda ya que los dos contenciones tienen funciones netamente defensivas; el problema radica en que los hombres que van por fuera no están generando futbol. Guardado no desborda, se limita a centrar (mal) y a veces a buscar el tiro de media distancia; por derecha, José Manuel de la Torre ha probado a Javier Aquino, Gerardo Flores y Pablo Barrera y ninguno ha podido justificar su alineación. Ayer, Javier Aquino se asustó ante el joven lateral izquierdo,Mattia de Sciglio quien necesitó meter una vez el cuerpo al minuto 5 para que el del Villarreal jamás volviera a intentar desbordarlo.


El partido entonces era cuestión de tiempo para que Italia, gracias a su mejor futbol, lo ganara. El tanto del triunfo llegó en la jugada menos clara del partido y en la que la defensa mexicana más fácil tenía para alejar el peligro. Ya con el 2-1, México fue incapaz de generar una opción para soñar con el empate.


El técnico nacional tiene gran responsabilidad de lo que pasa ya que no ha sabido darle las variantes necesarias para sorprender a los rivales, para darse cuenta de que esta  propuesta de atacar por las bandas no está funcionando por el mal momento que atraviesan los hombres que deberían generar el futbol por los flancos.

De lo que no es culpable es de las reacciones de los jugadores. Muchos se han mostrado como “pechos fríos”, pocos se han distinguido por hacer un esfuerzo extra al que tienen encomendado. Otros han fallado en cada una de las oportunidades que se les han dado.


Insisto tener como capitán al “Maza” Rodríguez ya es un mal mensaje de inicio, porque el americanista carece de don de mando, de liderazgo. En la cancha se extraña el peso específico de un jugador que sea reconocido por toda la plantilla. En el pasado reciente esa figura recayó en Ignacio Ambriz, Alberto García Aspe, Claudio Suárez, Cuauhtémoc Blanco, Pavel Pardo, Oswaldo Sánchez, Rafael Márquez; hoy nadie grita; nadie toma la batuta y así tenemos a un equipo gris por lo que propone en el terreno de juego y gris por lo que transmite.

Hoy la selección parece encomendada a dos hombres. A José de Jesús Corona y Javier Hernández; la idea parece ser que Corona pare todo y que el “Chícharo” pueda cazar alguna, pero a los responsables de la selección se les olvida que para que el delantero del Manchester United pueda hacer daño, necesita estar en el área y en los últimos partidos ha estado muy lejos de su hábitat, tratando de organizar el juego del equipo tricolor.

De 10 veces, México perderá 7 ante Italia, pero lo que no se puede permitir es ofrecer una imagen tan pusilánime. Y es que la actuación de ayer desmontó por la vía rápida la tesis de que la selección jugaría mejor por enfrentar un rival de mayor peso porque el cuadro tricolor se crece ante los grandes; una idea extendida por los medios cómodos que además tiene el problema de la memoria selectiva, porque esa imagen ante los equipos de mayor fuste tampoco nos ha servido para dar una campanada real en torneos como la Copa América y el Mundial.


Ahora que se cumplen 20 años de la primera participación en Copa América y del subcampeonato en la misma, conviene recordar también que la llegada de César Luis Menotti fue un parteaguas que cambió la inercia del conjunto tricolor; le permitió abrir sus fronteras, tener una idea de juego definida. Miguel Mejía Barón fue inteligente al aprovechar los cimientos que dejó Menotti, le dio su propio toque y consiguió una de las mejores selecciones de la historia.


Lapuente en 98 y Aguirre en 2002 continuaron la construcción, lo mismo que Lavolpe en 2006, sin embargo, conviene aclarar que el ciclo del argentino produjo una decorosa Copa Confederaciones, con buen futbol, una Copa América buena a secas y un Mundial flojo rematado con un gran partido ante Argentina que no alcanzó para dar el paso definitivo.


Sin embargo, nuestro futbol se ha estancado. Se calificó con problemas a Sudáfrica 2010, el Mundial fue malo aunque se alcanzaron por quinta ocasión consecutiva los Octavos de Final (México es junto con Alemania y Brasil los únicos que han alcanzado esa regularidad para llegar a Octavos. España, Argentina, Italia y Francia han fallado, al menos una vez, en ese objetivo), pero nunca hubo posibilidad de dar la sorpresa ante Argentina.


Nuestro futbol se ha estancado y los directivos concentrados en contar los quintos de sus campañas de mercadotecnia fueron incapaces de darse cuenta y tomar medidas al respecto. Hoy pagamos los platos de su arrogancia.


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